La nueva sede de Aragón Energía en Santiago de Chile funciona como un sofisticado experimento climático. Al transformar el vasto volumen de una nave logística rehabilitada en una envolvente térmica protectora, el proyecto se aleja de las tipologías de oficinas tradicionales para crear un "edificio dentro de un edificio". Este enfoque concibe la estructura industrial no solo como un contenedor, sino como un espacio que alberga un próspero ecosistema interior donde la productividad humana se integra en un entorno natural.